«Y así comienza el drama o, si se quiere, la terrible comedia de la muerte de un solterón, entregado por la fuerza de las circunstancias a la rapacidad de unos seres codiciosos que se arraciman al pie de su lecho, y que en este caso tuvieron por auxiliares la pasión más intensa, la de un insaciable coleccionista de cuadros; la avidez de Fraisier, que, visto en su cubil, hará estremecerse al lector…





